Resumen del capítulo
La actividad delictiva puede estar impulsada por diversos factores, como la alta desigualdad, la concentración de desventajas y el desempleo generalizado. Además de los delitos de oportunidad, las organizaciones de ayuda humanitaria pueden ser blanco de la delincuencia organizada. Las distinciones entre delincuentes, partes en conflicto y otros actores políticos y económicos suelen ser muy difusas. Los grupos armados no estatales y las autoridades gubernamentales suelen conspirar con grupos delictivos cuando sus intereses coinciden, y los movimientos rebeldes suelen sustentarse mediante actividades ilícitas como el narcotráfico. Sin embargo, para fines de análisis y gestión de riesgos, las organizaciones aún consideran útil distinguir entre la delincuencia con motivación económica y los riesgos de seguridad derivados de los conflictos armados, los actos de terrorismo y los disturbios civiles.
Algunos ejemplos de delitos con motivaciones económicas que las organizaciones de ayuda deben tener en cuenta en sus estrategias de evaluación y mitigación de riesgos incluyen:
- Robo menor
- Robo con entrada ilegal a instalaciones
- Extorsión y soborno
- Carterismo
- Asaltos o atracos
- Robo a mano armada
- Intimidación y extorsión
- Robo de vehículos
- Secuestros para pedir rescate, incluidos los «secuestros exprés», en los que las víctimas son retenidas el tiempo suficiente para obligarlas a retirar fondos con su tarjeta bancaria.
La presencia de grupos organizados que buscan controlar las zonas y los habitantes locales añade un nivel adicional de riesgo. El riesgo de acoso y extorsión puede ser especialmente difícil de mitigar, ya que los ataques son persistentes en lugar de oportunistas, y las organizaciones pueden verse extorsionadas repetidamente. La cultura pandillera, las normas sociales y el afán de estatus dentro del grupo a menudo crean un entorno donde la violencia es esperada y recompensada. La amenaza a los actores humanitarios que trabajan en estos contextos requiere una atención considerable y sólidas medidas de gestión de riesgos de seguridad.
Las buenas prácticas en la gestión de riesgos de seguridad requieren comprender el contexto y los riesgos delictivos, y luego implementar medidas para mitigarlos y disuadir a posibles delincuentes. Estas medidas incluyen una mayor protección física de los activos y la seguridad general de las instalaciones para prevenir robos y allanamientos, así como orientación al personal sobre cómo reducir la exposición a los riesgos delictivos. Algunas organizaciones han invertido en programas que abordan la delincuencia y la violencia para reducir los riesgos para la comunidad en su conjunto.
Al igual que con otras amenazas a la seguridad, las organizaciones deben ser conscientes de la amenaza criminal en sus entornos de trabajo y comprender cómo su propia presencia y programación pueden interactuar con la dinámica delictiva y afectarla. Si bien las organizaciones de ayuda humanitaria han desarrollado herramientas para el mapeo, la divulgación y la negociación con grupos armados y personas con poder político, rara vez adoptan un enfoque igualmente proactivo con los actores criminales. Algunas organizaciones de ayuda humanitaria han logrado negociar el acceso con actores criminales adoptando lecciones y prácticas de grupos de desarrollo comunitario que trabajan para reducir la violencia desde la base.