Resumen del capítulo
La violencia sexual es cualquier acto de naturaleza sexual, o intento de obtener un acto sexual, no deseado, coaccionado o forzado. Todo el personal, independientemente de su ubicación, corre el riesgo de sufrir violencia sexual, ya que este riesgo existe en todos los países e incluso puede perpetrarse en línea. En el contexto del sector humanitario, la violencia sexual puede adoptar diferentes formas, por ejemplo:
- ataques individuales, incluida la administración de drogas para incapacitar al objetivo;
- abuso y explotación sexual, donde los trabajadores humanitarios son coaccionados por individuos en posiciones de poder; y
- como arma de guerra o de intimidación, cuando los trabajadores humanitarios son blanco de actores armados.
Trabajar en entornos violentos con un estado de derecho débil puede aumentar el riesgo de formas particularmente traumáticas de violencia sexual. A diferencia de otros incidentes críticos en el sector humanitario, la gestión del riesgo de violencia sexual aún se ve obstaculizada por el estigma y las ideas erróneas sobre qué es y por qué ocurre. Es fundamental que el personal involucrado en la gestión de incidentes reciba capacitación y pueda acceder al apoyo de expertos.
Las consideraciones de riesgo relacionadas con la violencia sexual se pueden agrupar en cuatro áreas:
- Consideraciones de riesgo individual
- Perfiles de los perpetradores
- Factores de riesgo organizacional
- Factores de riesgo externos
Las estrategias de mitigación de riesgos deben abordar las cuatro áreas. El personal de seguridad puede garantizar que los procedimientos prioricen no solo la gestión del comportamiento del personal, sino también la disuasión de posibles agresores y el abordaje de otros factores de riesgo. Por ejemplo, las organizaciones pueden centrarse en capacitar al personal sobre cómo reducir su exposición al riesgo, a la vez que implementan medidas para disuadir a los agresores, abordando las condiciones organizacionales y externas que contribuyen a la violencia sexual (cuando sea posible) y mitigando los riesgos en estos entornos.
Como ante cualquier otra amenaza, se deben tomar medidas a nivel individual y organizacional para reducir el riesgo de violencia sexual.
Algunas buenas prácticas de prevención y preparación incluyen:
- Políticas, sistemas y mecanismos para prevenir, prepararse y responder ante incidentes de violencia sexual que afecten al personal.
- Roles y responsabilidades claros para gestionar el riesgo de violencia sexual dentro de la organización, desde los primeros en responder hasta los que apoyan a los sobrevivientes.
- Inducciones, reuniones informativas y capacitación que cubran el riesgo de violencia sexual, políticas y prácticas relevantes y roles y responsabilidades individuales para reducir el riesgo y responder a los incidentes.
- Incluir los riesgos de violencia sexual en las evaluaciones y planes de riesgo.
- Planes de contingencia, incluida la identificación de proveedores de servicios adecuados, cobertura de seguros, arreglos logísticos y apoyo legal para los sobrevivientes.
- Implementar mecanismos sólidos y confidenciales de información y denuncia de irregularidades.
- Selección rigurosa de potenciales empleados durante el reclutamiento.
Las respuestas oportunas a los incidentes de violencia sexual son fundamentales para garantizar la seguridad y el bienestar de las personas afectadas. La respuesta de una organización dependerá de diversas circunstancias, como el momento en que ocurrió el incidente, el momento en que se denunció, los deseos de la persona sobreviviente, la gravedad del incidente y los riesgos que representa para otras personas. Las respuestas deben tener en cuenta el trauma y estar centradas en la persona sobreviviente, así como considerar las dinámicas culturales y legales pertinentes. El riesgo de revictimización es muy alto y, en algunas regiones, denunciar la violencia sexual podría acarrear daños adicionales para la persona sobreviviente debido a las leyes y prácticas culturales locales.
La respuesta inicial suele implicar garantizar la seguridad inmediata de la persona sobreviviente y de otras personas en riesgo, brindar atención médica y psicosocial, e identificar a una persona que la apoye. Puede requerir la activación de la estructura de gestión de crisis de una organización (si procede). A largo plazo, podría requerirse apoyo administrativo, legal y logístico adicional.
La confidencialidad y la comunicación son complejas en casos de violencia sexual grave y deben gestionarse con cuidado, considerando las necesidades y deseos de la persona sobreviviente. Denunciar el incidente a la policía y los procedimientos legales subsiguientes también pueden ser complejos, con riesgos adicionales para la persona sobreviviente. Por ello, es recomendable que las organizaciones tengan un conocimiento exhaustivo del entorno legal en el que operan, en particular en lo que respecta a incidentes de violencia sexual, así como acceso a abogados locales que les brinden orientación y apoyo en caso de incidente.
El personal afectado podría requerir cuidados posteriores a largo plazo tras un incidente de violencia sexual, por lo que se debe desarrollar un plan de apoyo para sobrevivientes. Este apoyo debe adaptarse a las necesidades individuales y ser brindado por profesionales capacitados con experiencia en el manejo de traumas.
Las organizaciones también deben estar preparadas en caso de que el presunto autor de un incidente de violencia sexual sea miembro del personal, lo que incluye la protección tanto de la persona sobreviviente como de otras personas que puedan correr riesgo de sufrir daños adicionales. Las organizaciones querrán contar con investigadores capacitados e independientes para llevar a cabo una investigación interna.