Resumen del capítulo
Las primeras cuestiones a considerar en zonas de combate activo son si la organización está dispuesta y tiene la capacidad para operar en estas condiciones, y si los beneficios de hacerlo (es decir, la criticidad del programa) compensan los riesgos. Al igual que otros civiles, el personal humanitario en estos entornos corre el riesgo de sufrir violencia colateral (y de ser atacado directamente por actores armados), ante lo cual las medidas de gestión de riesgos de seguridad a menudo no pueden hacer más que evitar las zonas de mayor riesgo y adoptar protocolos de refugio.
Las organizaciones que pretendan operar en zonas de combate activo deben incluir las siguientes consideraciones generales en su planificación de gestión de riesgos de seguridad.
- Evaluaciones de riesgos que incorporen las amenazas que plantean los sistemas de armas en uso en el contexto.
- Selección de la ubicación que considera la proximidad a los objetivos potenciales y prioriza el acceso a refugios y rutas de escape.
- Contar con personal con experiencia laboral relevante y formación especializada.
- Esfuerzos de desconflicción con actores armados relevantes.
- Protección física de los lugares de trabajo, como muros de protección contra explosiones, salas de amortiguación y medidas de refugio.
- Equipo de protección personal (EPP), como chalecos antibalas.
- Capacitación especializada para personal que trabajará en áreas de combate activo, centrada en habilidades de seguridad y resiliencia psicológica.
En general, el personal debe procurar evitar la exposición directa al combate activo y, cuando esto no sea posible, minimizar el tiempo que pasa en zonas abiertas y evitar patrones de movimiento predecibles. Los vehículos blindados y los refugios fortificados pueden ser medidas de mitigación cruciales. Al abordar la amenaza de violencia colateral por ataques aéreos, es importante recordar que las ubicaciones de alto riesgo son aquellas cercanas a objetivos de alto valor, donde la destrucción sería militarmente ventajosa. Una medida de mitigación sería evitar las ubicaciones de objetivos de alto valor. El conocimiento local puede ser extremadamente útil para gestionar los riesgos de minas, artefactos explosivos improvisados (AEI) y municiones sin detonar.
El riesgo de amenazas químicas, biológicas, radiológicas y nucleares (QBRN) ya no es insignificante para el personal humanitario, aunque sigue siendo bajo. Para mitigar el riesgo, es fundamental considerar quiénes son los miembros del personal con mayor riesgo (como el personal médico), si existen procedimientos operativos estándar (POE) con experiencia que puedan adoptarse (como el uso y la naturaleza del EPP), qué planes de contingencia pueden implementarse (como la retirada, la evacuación y la asistencia médica de emergencia) y si es recomendable impartir formación especializada al personal con mayor riesgo, por ejemplo, sobre cómo reducir la exposición en caso de sospecha de contaminación. Toda medida de gestión de riesgos de seguridad debe contar con la asesoría de especialistas.