Resumen del capítulo
El rapto se refiere a cualquier captura ilegal y forzosa de una persona. El secuestro se refiere a un rapto con el propósito explícito de obtener algo a cambio de la liberación del secuestrado. Esto suele ser un pago de rescate, aunque los perpetradores pueden exigir concesiones políticas. En algunos casos, lo que aparentemente puede ser una causa política puede, de hecho, ser una extorsión. Los secuestros exprés y virtuales son cada vez más comunes en algunas regiones, como Latinoamérica. El término “toma de rehenes” se utiliza para describir una situación en la que se conoce la ubicación del secuestrado y su liberación depende del cumplimiento de demandas específicas. En una situación de asedio, los perpetradores y sus rehenes han sido localizados y rodeados por las fuerzas de seguridad, y los perpetradores amenazan con matar a los rehenes a menos que se les proporcione una vía de escape.
Para hacer frente a la amenaza del secuestro, las organizaciones deben evaluar quiénes corren mayor riesgo y adaptar sus medidas de mitigación y preparación al contexto. La capacitación regular, los simulacros, la dotación de recursos adecuada, el aprendizaje continuo y la adaptabilidad son esenciales tanto para la prevención como para la respuesta.
Para reducir el riesgo de secuestro, las organizaciones pueden implementar diversas medidas, como mantener un sólido conocimiento del contexto y fomentar la aceptación mediante una comunicación abierta con los actores relevantes. Evitar la previsibilidad en las rutinas, reducir la visibilidad (por ejemplo, vehículos sin identificación, mínima presencia en línea), restringir la movilidad del personal, la concientización sobre la vigilancia, las herramientas de rastreo digital y el fomento de las relaciones con la comunidad local también pueden ser medidas útiles. Si bien la protección armada puede disuadir las amenazas, también puede aumentar la visibilidad y el riesgo, por lo que requiere una cuidadosa consideración.
Los secuestros suelen justificar la activación de la estructura de gestión de crisis de una organización y requerirán la preparación de las funciones y responsabilidades de gestión de crisis dentro de la organización (en todas las oficinas). Durante las primeras etapas de una sospecha de secuestro, las organizaciones deben verificar rápidamente los hechos, proteger al resto del personal y determinar si se suspenden los programas. Las acciones clave incluyen informar a la dirección y a los familiares, contratar a expertos externos y de seguros, gestionar las comunicaciones, documentar todas las acciones y garantizar la disponibilidad de recursos financieros para responder eficazmente. La respuesta seguirá una estrategia de respuesta a incidentes personalizada que deberá ajustarse según evolucionen las circunstancias.
Se podría recurrir a especialistas externos en secuestros, como aquellos de gobiernos, aseguradoras o empresas de seguridad, para asesorar al equipo de gestión de crisis. Si bien no toman decisiones ni negocian directamente, su experiencia, contactos y objetividad pueden ser de gran ayuda en la respuesta. Sin embargo, es importante gestionar posibles conflictos de intereses, especialmente con expertos designados por el gobierno, cuyos objetivos pueden diferir de los de la organización.
Durante un secuestro, la organización deberá coordinarse con los familiares y las autoridades pertinentes. Un plan de comunicación sólido y una estrategia de gestión de medios también son cruciales en situaciones de secuestro.
Los incidentes de secuestro pueden requerir comunicación y negociación con los perpetradores. Los objetivos y exigencias de los perpetradores pueden cambiar. Existen numerosos ejemplos de situaciones en las que los objetivos políticos se desvanecieron, dejando solo una demanda de dinero. Lo contrario también puede ocurrir: una banda criminal puede vender a un secuestrado a un grupo con motivaciones políticas si no se ofrece un rescate. Si los perpetradores solicitan concesiones políticas a las autoridades, esto quedará fuera del control de la organización. Las organizaciones suelen designar a un “comunicador” para que transmita los mensajes entre el equipo de gestión de crisis de la organización y los perpetradores. Esta función es distinta a la de un negociador, ya que el equipo de gestión de crisis debe mantener el control de las negociaciones.
Las organizaciones deben estar preparadas en caso de que las autoridades recurran a las fuerzas de seguridad para obtener la liberación forzosa de las personas secuestradas. Un secuestro puede concluir con la liberación o la muerte de la persona secuestrada. Un caso también puede quedar sin resolver (por ejemplo, si no se obtiene prueba de vida o no hay contacto con los perpetradores). Las organizaciones de ayuda humanitaria deben estar preparadas para afrontar estas situaciones. Para el personal liberado, la atención posterior adecuada es fundamental.